Atlántico

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Atlántico is an exclusive and limited collection of works created in collaboration between artists Edgar Flores (Saner) and Javier Iglesias (Gnosick). This series of works was made in mixed media on 300 gr. Arches paper for their exhibition together at Swinton Gallery in 2015.

The title and concept of the show refers both to the ocean that unites and separates the artists physically and to the Greek titan Atlas, who symbolizes the balance between the worldly and the spiritual. The magical encounter and bond between Saner and Gnosick, as brothers in some previous life, is represented in the works by the fusion of their different plastic styles, from the figurative to the abstract.

As an introduction, Javier wrote the following story:

Everything started when One became Two.

Imagine the Universe on a continuous expansion, imagine our cells on a continuous reproduction, imagine a ship which leaves to find the end of our world.

In the origin of everything we know, there was always a being, a place, a state in which everything is just One, and then, everything changes, transforms itself, and evolves. Without that moment of change, there would be no History to tell, we would not be here.

In the same way that there was always One, there were always Two, and, despite our steps lead us to the distance, we will always be Two, and we will never be something different than One. Black and white, heads and tails.

Before coming to this world, both already knew each other and they were inseparable. Once they were born, they forgot; once they were breastfed, they grew; and once they became men, they separated. One went North, the other walked South. One went West, the other walked East. One awaked when the other started to sleep. One looked at the stars while the other watched his shadow. One run after the other without knowing who is who. Both wanted to know, not being aware that they already knew it.

From the Siberian Steppe to America, from the Far East to Europe, everywhere they went, they spread their word and collected their legacy. During this time, each one of them became many others, and the remembrance of what it was once, was shared with all of them. When the remembrance was split, it became oblivion. Oblivion brought confusion, and then envy, fights, wars and conquests came. All of them forgot that once they were One: North and South, East and West, up and down. They were the same, but they believed they were different.

Only by his heart, every man could find again his own brother. Only by his feelings, it was possible to remember. Only such different brothers as luck and fate could plot and orchestrate the encounter of two separate worlds, of the Moon and the Sun, of the Heaven and the Earth. In this way, what seemed to be a casual encounter, became real. Oblivion and remembrance merged in a strong embrace, and History gave way to a new brotherhood.

Many lives after, everything continued being One and Two at the same time, in the same way that the Ocean that separated them was at the same time what kept them together.
 
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Atlántico es una colección exclusiva y limitada de obras creadas en colaboración entre los artistas Edgar Flores (Saner) y Javier Iglesias (Gnosick). Esta serie de obras fue realizada en técnica mixta sobre papel Arches de 300 gr. para la exposición conjunta que tuvieron en Swinton Gallery en 2015.

El título y concepto de la exposición hace referencia tanto al océano que une y separa a los artistas físicamente como al titán griego Atlas, quien simboliza el equilibrio entre lo terrenal y lo espiritual. El mágico encuentro y vínculo entre Saner y Gnosick, como hermanos en alguna vida anterior, es representado en las obras mediante la fusión de sus distintos estilos plásticos, desde lo figurativo a lo abstracto.

A modo de introducción, Javier escribió el siguiente relato:

Todo empezó cuando uno se convirtió en dos.

Imagina el universo expandiéndose, imagina nuestras células reproduciéndose, imagina un barco partir hacia los confines del mundo.

En el origen de todo lo conocido siempre hay un ser, un lugar, un estado en el que todo es uno y después todo cambia, todo se transforma y evoluciona. Sin ese cambio no habría historia que contar, no estaríamos aquí.

De igual manera que siempre fue uno, siempre fueron dos, y, aunque los pasos nos lleven a la distancia, siempre seremos dos y no dejaremos de ser uno. Blanco y negro, cara y cruz.

Antes de nacer, uno y otro ya se conocían y eran inseparables. Una vez nacidos, olvidaron; una vez amamantados, crecieron; y una vez hechos hombres, se separaron. Uno caminó hacia el norte, el otro caminó hacia el sur. Uno caminó hacia el oeste, el otro caminó hacia el este. Uno amanecía mientras el otro se acostaba. Uno miraba las estrellas mientras el otro observaba su sombra. Uno corría detrás del otro sin saber quién era uno y quién era el otro. Ambos buscaban saber sin ser conscientes de lo que ya sabían.

Desde la estepa siberiana hasta América, desde el Lejano Oriente hasta Europa, allá por donde pasaron fueron dejando su historia y recogiendo su legado. Con el tiempo, cada uno de ellos fueron muchos otros y el recuerdo de lo que una vez fue se repartió entre todos. Desmembrado el recuerdo se convirtió en olvido. El olvido llevó a la confusión y después vinieron las envidias, las disputas, las guerras y las conquistas. Todos habían olvidado que una vez fueron uno: norte y sur, este y oeste, arriba y abajo. Todos eran iguales, pero se creían distintos.

Solo desde el corazón cada hombre podía encontrar de nuevo a su hermano. Solo desde el sentimiento se podía recordar. Solo dos hermanos tan dispares como el azar y el destino podían conspirar y orquestar el reencuentro de dos mundos, de la luna y el sol, del cielo y la tierra. Así, lo que pareció un encuentro casual se convirtió en providencia. El olvido y el recuerdo se fundieron en un abrazo, y la historia dio paso a una nueva amistad.

Muchas vidas después todo seguía siendo uno al tiempo que dos, de igual manera que el océano que les separaba era el que les mantenía unidos.